Una bonita cala a un corto paseo al norte del centro, enmarcada por acantilados y la ermita de São Sebastião en lo alto.
A la que se llega por un camino en zigzag por el acantilado, São Sebastião resulta algo más salvaje que las playas centrales sin dejar de estar a pie del pueblo. La ermita de arriba le da nombre y un buen mirador.
Es un buen sitio para un baño más tranquilo o para ver a surfistas expertos en el reef del extremo norte. Cuidado con las rocas, que quedan al descubierto con la marea baja.